Cual efecto de imán, la luna parece atraer y embrujar a estos mozos en San Fermín (da igual si son de Pamplona o de fuera, al fin y al cabo un meo es un meo en Pamplona y en Sebastopol) y de forma coral echan el denominado meo en plena Plaza del Castillo.
Lo bonito (a mi entender) es comprobar cómo efectivamente los momentos difíciles unen y éstos mozos así lo han sentido. La luna, cómplice y mujer, les seduce como a aquél torico enamorado y les ayuda a miccionar.
La foto está tomada por mi primo y es indiferente si tiene calidad o no; el hecho objetivo es que aquella noche coincidieron tiempo y espacio en un contexto bizarro y por supuesto nosotros lo plasmamos.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados